22 septiembre 2011

Lo que está escondido, tiene que ser encontrado...



El otro día, Dios me reveló algo muy fuerte que hasta me hizo llorar.
"Mi Dios, yo quiero ser mejor y no cometer los mismos errores del pasado. Quiero descubrir donde me equivoqué. Quiero poder corregirme y nunca más actuar de la misma forma."
Esa fue mi oración, pero no fue solamente una vez, fueron muchas veces con diferentes palabras, pero el mismo contexto. Fueron muchas, pues parecía no haber respuesta, yo oraba, pero aún no sabía donde me había equivocado.
En realidad, muchas eran las razones que encontraba, pero en el fondo, sabía que no era la raíz del problema, eran razones superficiales que no me impedirían cometer el mismo error de nuevo.
Comencé a volver al pasado, visité el problema en mi memoria, visité otras situaciones parecidas, me escudriñé a mí misma. Fue algo que al principio dolió y me pregunté... "¿Por qué duele tanto?"
"NO TE HAGAS LA VÍCTIMA!" fue la respuesta dura y clara que recibí.
"Oh, ¿víctima yo?" pensé un poco dolorida.
"MIRATE AHÍ DE NUEVO, HACIÉNDOTE DE VÍCTIMA. PARA DE SENTIR PENA DE TÍ MISMA POR LO QUE ACONTECIÓ, SI REALMENTE QUIERES ENCONTRAR EL PROBLEMA." Entendí en este momento la razón de tanto dolor... Sentía pena de mí misma...
Esa pena me cegaba y no me dejaba ir hacia adelante, llegar a la raíz...
Pena de mí, haciéndome de víctima, ¿no sería eso una forma de orgullo para no aceptar mi error? Comencé entonces a cuestionar mis emociones, que antes parecían tan inocentes, pero ahora mostrando lo que eran de verdad.
Lobos con piel de cordero, para inocentemente derrumbarme. ¡Orgullo maldito sal de mí!
Me arrodillé delante de Dios, reconocí mi error y pedí perdón...
¡No era suficiente, aún necesitaba descubrir la raíz!
Continué mi búsqueda y una vez que eliminé el problema mencionado arriba, no fue difícil descubrir el otro, pues sin sentir "lastima de mí", pude descubrirlo libre de emociones.
¿Qué quiero decirte con eso?
No importa cuán "perfecta", "santita", "buenecita", "sin problemas" nos encontramos en ese momento, necesitamos escudriñarnos.
Los errores existen, pero si no te escudriñas, no los encuentras y si no los encuentras, no cambias y si no cambias, tarde o temprano, sufrirás las consecuencias.
Existen algunas señales evidentes que muestran que necesitamos urgentemente escudriñarnos, hallar la raíz y cortarla:
1. Estás siempre envuelta con los mismos problemas. Aconteció una vez y lo mismo sigue aconteciendo una y otra vez.
2. No ves los resultados de tu fe
3. Parece que Dios no te oye y no te responde
4. Todo parece salir mal en tu vida.
Estos son sólo algunos que me vinieron a la cabeza, seguro que hay más...Recuerda, el problema NUNCA ESTÁ EN DIOS. NUNCA ES CULPA DE ÉL.
Otro consejo importante: Dios permite que pasemos por problemas para que aprendamos, pero si echamos la culpa a otras personas, NUNCA, aprenderemos. Si estabas dando rodeos, olvídate de los demás y busca aquello que Dios quiere mostrarte.
Tarea:
"Examínate, encuentra el error, pide perdón, piensa en cómo cambiar y colócalo en práctica."
Eso te ayudará mucho, pues cuando no escudriñamos nuestros propios errores, tenemos la "tendencia" a mirar a nuestro alrededor y querer escudriñar los errores de los demás.
Con seguridad, lo que sucederá no será nada agradable, tal vez te haga llorar, pero cuestiona tus emociones y no pares ahí...

No hay comentarios:

Publicar un comentario